Así es la acuaponía, un método para cultivar hortalizas y criar peces sin derrochar agua: “Es un sistema revolucionario” | Clima y Medio Ambiente

El doctor en Veterinaria José Lobillo (Avilés, 58 años) tiene el empuje característico de estas personas que se vislumbran imbatibles al desaliento. Es un ferviente impulsor de instalaciones acuapónicas, que permiten cultivar más de 20 tipos de hortalizas y criar peces para consumo humano en un circuito cerrado de agua que se limpia a través de bacterias. El método, que ofrece una gran autonomía de recursos, ha tratado de implantarse mediante diversas entidades en enclaves como Gaza, y también en campamentos de refugiados o en comunidades de Latinoamérica. Él lo levantó en el Polígono Sur de Sevilla donde, tras décadas de políticas que han provocado que se enquiste como el barrio más empobrecido de España, trabaja desde hace 20 años como técnico de participación. También es presidente de la asociación para una alimentación sostenible Plantío Chinampa y ha organizado este otoño un curso para enseñar el montaje de estas instalaciones. La demanda ha triplicado las plazas disponibles.

Pregunta. ¿En qué consiste la acuaponía?

Respuesta. Es un sistema en tres fases. Los peces, que están como en un acuario, liberan al agua desechos que son materia orgánica, como la orina o los excrementos. Esa agua pasa a otro depósito con bacterias que rompen las moléculas de los residuos y las transforman en minerales como magnesio, calcio, nitratos o fosfatos, que son justo lo que necesitan las plantas. Después ellas los absorben para crecer y limpian el agua, que se trasvasa de nuevo a los peces.

P. ¿Es como un circuito perfecto para obtener la mayoría de los nutrientes para las personas?

R. Así es. Las plantas y los peces de acuaponía aportan muy buenas proteínas, ácidos grasos esenciales, fibras, minerales, vitaminas… Verdaderamente es como una copia de lo que hace la propia naturaleza en ríos y mares, y es un método que ya utilizaban los chinos y los aztecas.

P. Si se pueden ahorrar toneladas de agua y mejorar la alimentación mundial. ¿Por qué no está más extendido?

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R. La gente no lo conoce ni se le ha dado suficiente difusión. No lo conoce ni el público general ni el político. La Unión Europea cuenta con un proyecto COST [de cooperación en Ciencia y Tecnología] porque ha detectado que puede ser un sector económico emergente a nivel de empresa, de investigación, de educación, de pequeñas producciones familiares… para que se trabaje con especialistas en su viabilidad en distintos aspectos. Otra cuestión importante es que requiere un nivel de formación potente para que funcione.

P. Igual responde a otros intereses empresariales también, parece revolucionario.

R. Es un sistema revolucionario, y también provocador y atrevido, porque te puedes hacer autosuficiente. Puedes obtener alimentos fuera del circuito de explotación de recursos y de dudosa trazabilidad y calidad. Aquí sabes al 100% que el producto no tiene residuos peligrosos. Hemos llegado a cultivar tomates raf que al final salen más baratos que en el mercado. Esto va en contra de los oligopolios. Tenemos un toquecito antisistema y somos conscientes.

P. Su curso ha triplicado la demanda. ¿Quién se apunta?

R. La mitad son profesores, también está quien lo quiere para autoconsumo en sus casas, y estudiantes de Medio Ambiente o de Ciencias del Mar. Hace un año publicamos unos resultados sobre una encuesta a unos 200 productores de Latinoamérica y España y recogimos que las principales motivaciones para iniciarse en la acuaponía eran para obtener productos de alta calidad, que fueran saludables, por su efecto positivo al medio ambiente, y porque les da mayor autonomía. Esa es la clave, no depender de los mercados. Con la acuaponía se consigue la soberanía alimentaria, que es el derecho a producir y consumir alimentos de manera sostenible.

P. Con las guerras del agua que ya están en el mundo, y las que se avecinan. ¿La acuaponía puede ser una aliada para la paz?

R. Está comprobado que el gasto de agua es mínimo, hay que reponer solo por la evaporación de las plantas.

P. ¿Qué resultados se han obtenido en algunos de sus proyectos?

R. En el Joaquín Romero Murube de Sevilla [un instituto público de Educación Secundaria], en un año, en siete metros cuadrados, obtuvimos 177 kilos de verdura de 23 tipos diferentes, como lechugas, tomates, pimientos… y casi 34 kilos de tilapias.

P. ¿Por qué promueve su implantación en centros escolares?

R. Lo veo como un recurso educativo. Con estas instalaciones se enseñan Matemáticas aplicadas, Química o Biología. Por ejemplo, con el peso de los peces, el control de la acidez del agua, el cálculo de la biomasa… Se estudian reglas de tres, porcentajes… También es una fuente de autoempleo, y una herramienta contra la desigualdad.

José Lobillo en una instalación acuapónica en un invernadero de la ETS de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla.
José Lobillo en una instalación acuapónica en un invernadero de la ETS de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla.PACO PUENTES

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