sábado, junio 15

Informe PISA: Palestina consigue un meritorio resultado en su primera participación en la prueba | Educación

Los territorios palestinos han logrado un meritorio resultado en su primera participación en el Informe PISA, la principal evaluación del mundo, que analiza las competencias en matemáticas, comprensión lectora y ciencias de los estudiantes de 15 y 16 años (lo que en gran parte de los países coincide con el último año de la escolarización obligatoria) y cuya octava edición se ha publicado este martes. Los exámenes se celebraron en la primavera de 2022. Comparados con el de países de su entorno geográfico y cultural, como Jordania o Marruecos, los chavales palestinos quedan ligeramente por encima, pese a estudiar en un contexto que ya resultaba mucho más adverso, y que en el caso de Gaza, la actual invasión de la franja por parte de Israel ha convertido directamente en imposible. Los más de 600.000 niños y adolescentes que cursan allí educación primaria y secundaria llevan semanas sin poder ir a la escuela, y en torno al 60% de los centros educativos han quedado total o parcialmente destruidos, mientras el resto es utilizado principalmente de refugio por los desplazados.

Los estudiantes palestinos ―participaron 50 escuelas de secundaria, 30 de Cisjordania y 20 de Gaza― obtienen en la prueba internacional que organiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) 366 puntos en matemáticas, 349 en comprensión lectora y 369 en ciencias. El resultado queda lejos del promedio de la OCDE (472, 476 y 485, respectivamente) y del de España (473, 474 y 485). Pero con el que tiene sentido compararlo es con el de los países de su entorno, afirma Juan Manuel Moreno, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la UNED, que conoce bien la región porque trabajó 15 años en ella para el Banco Mundial. Así mirado, los territorios palestinos quedan 5 puntos por encima de Jordania en matemáticas, 3 por delante en lectura, y 6 por detrás en ciencias. Y aventajan a Marruecos en 1 punto en matemáticas, en 10 en comprensión lectora y en 4 en ciencias. En la edición de este año de PISA ―la octava, desde el año 2000― no participan otros países árabes de su entorno, como Egipto o Líbano. Y pese al abismo económico que los separa, la diferencia del alumnado palestino con el de Arabia Saudí no es tan grande en matemáticas (23 puntos, similar al que separa a Castilla y León, la primera comunidad autónoma española clasificada, con la media de España).

Moreno fue especialista de educación del Banco Mundial y durante seis años, entre 2013 y 2019, jefe de proyectos de educación en los territorios y opina que decir que la enseñanza en Palestina afronta, incluso antes del actual conflicto, grandes dificultades de forma cotidiana, es quedarse corto. “Los alumnos pierden muchos días de clase al año por la incertidumbre presupuestaria y, en estos últimos tres años, además, por la pandemia. Profesores y maestros están sometidos constantemente a la perspectiva de no cobrar el salario. O de cobrar solo una parte por periodos prolongados, porque no hay dinero para las nóminas. En los últimos tres años, los profesores vienen cobrando tan solo un 80% de su salario. La conflictividad laboral, en ese contexto, es considerable. Y se producen frecuentes huelgas de profesorado, a veces de larga duración”, resume. En el curso 2021-2022, en el que se recogieron los datos de PISA, los estudiantes palestinos perdieron casi una cuarta parte de los días de clase por un motivo u otro.

El sistema escolar palestino escolariza ―o lo hacía, al menos, hasta el inicio del último conflicto― a 1,38 millones de alumnos en la enseñanza obligatoria, de los seis a los 16 años, a través de tres redes. El 65% del alumnado asiste a la pública y el 10% a la privada, con mucho más peso, en ambos casos, en Cisjordania que en Gaza. El 25% restante pertenece a la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, que está mucho más presente en la Franja. Los estudiantes de esta última red obtienen resultados significativamente mejores, a pesar de no pertenecer a una clase socioeconómica superior ―más bien al contrario; asisten a ella los niños que viven en los campos de refugiados―, según un informe que elaboró en 2016 el Banco Mundial, basado en los datos de participación en TIMSS, otra prueba internacional sobre conocimientos en matemáticas y ciencias, dirigida en este caso a alumnos más pequeños que los de PISA ―menos de 10 años―, en la que sí participa desde hace años Palestina. La evaluación de TIMSS la organiza la Asociación Internacional para Evaluación del Rendimiento Educativo (IEA), con sede en Países Bajos y Alemania, e integrada por autoridades educativas oficiales y universidades de diversos países.

Las alumnas, a la cabeza en matemáticas

El profesorado de la UNRWA tiene las mismas cualificaciones iniciales que el de la red pública, afirma Moreno, pero se diferencia por el hecho de incorporarse al trabajo mediante un “periodo de inducción a la docencia”, y por contar con unas mayores perspectivas de desarrollo profesional una vez en el sistema, explica. El catedrático de la UNED impulsó durante su periodo en el Banco Mundial un programa para la formación del profesorado de primaria palestino, que abarcó la recualificación de los docentes que ya estaban en activo y cambios en la formación que recibían los futuros maestros.

PISA pone de manifiesto algunas características llamativas del sistema educativo palestino. Una de ellas es que, a pesar de contar con tres redes bastante desarrolladas, tiene un grado de segregación bajo, comparable, en Europa, con el de los países nórdicos. Otro es que el alumnado pobre palestino, el perteneciente al 25% de hogares con menos renta, que consigue situarse entre el 25% con mejor rendimiento en matemáticas, lo que la OCDE considera un indicador de “resiliencia”, supera el 12%. Un porcentaje que lo sitúa por encima de las medias de la OCDE y de España, y en el grupo de los 20 primeros países de los más de 70 analizados, con un nivel similar al de Noruega. Un tercer destacado es que se trata de uno de los pocos lugares donde las chicas obtienen mejores resultados en matemáticas que los chicos. Y a diferencia de Finlandia, donde la ventaja de las alumnas es reducida, en el caso de los territorios palestinos, como en el de Albania o Jordania, dicha diferencia a favor de las chicas en la materia es alta.

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