sábado, junio 15

Thomas Mann: La montaña mágica y la reacción de Jarisch-Herxheimer, más allá de la ficción | El hacha de piedra | Ciencia

En una de sus visitas a su esposa Katia, ingresada en el sanatorio Wald de Davos, el escritor Thomas Mann concibió su novela más universal: La montaña mágica; una obra de la que nadie ha salido indemne tras su lectura.

Porque hay un antes y un después de haber leído esta historia que, entre otras muchas cosas, nos habla de la enfermedad y de la muerte. Todo empieza cuando el joven Hans Castorp llega de visita al Sanatorio de Berghof en el que su primo Joachim Ziemssen está ingresado. Va a ser una visita breve que se irá prolongando durante años. Con ello, la tuberculosis y el transcurso del tiempo se convierten en las categorías principales de la novela. Nada más llegar al sanatorio, Castorp se siente febril y a las pocas semanas cae enfermo. Es cuando se da cuenta de que el aire puro de la montaña “no solo es bueno para combatir la enfermedad, sino que también precipita su manifestación, lo cual es incluso necesario si uno quiere curarse”.

Con esta declaración del protagonista nos adentramos en lo que científicamente se conoce como la reacción de Jarisch-Herxheimer o crisis curativa, cuyo principio puede explicarse como “ponerse peor para luego estar mejor”. La cosa es que los virus y bacterias liberan toxinas cuando mueren y esas mismas toxinas hacen que la cura parezca enfermedad debido a la respuesta inflamatoria. En los procesos curativos, la tormenta de citoquinas se activa de tal manera que el cuerpo se resiente y la fiebre sube, aunque esta no persiste más que durante un corto periodo de tiempo. En el caso del protagonista de la novela de Thomas Mann, es un catarro mal curado; una cicatriz tierna en sus pulmones que se abre cuando entra en contacto con el aire puro de la montaña. Es entonces cuando la enfermedad se le manifiesta a Hans Castorp con el malestar general y las décimas de fiebre.

La citada reacción Jarisch-Herxheimer lleva el nombre de dos dermatólogos. Uno fue Adolf Jarisch (1850-1902) nacido en Viena en los tiempos del Imperio Austro-Húngaro, y otro fue el alemán Karl Herxheimer (1861-1942). Adolf Jarisch notificó la reacción por primera vez a finales de 1800 cuando notó un empeoramiento en algunos pacientes sifilíticos después de ser tratados con mercurio. Al sarpullido y las lesiones de la epidermis se sumaban fiebre, náuseas y vómitos. A principios de 1900, el mismo fenómeno fue descrito también por Karl Herxheimer. De esta manera quedó bautizada la crisis curativa que lleva a padecer los mismos síntomas que se desarrollan durante la enfermedad, pero en orden inverso.

Como curiosidad, señalar que Karl Herxheimer murió de disentería en el campo de concentración de Theresiendstadt en 1941. Un dato a tener en cuenta cuando hablamos de Thomas Mann, el autor que, en un principio, abrazó el nacionalismo para luego tomar posiciones contrarias que lo llevaron al exilio cuando Hitler se dedicó a enloquecer Europa durante un tiempo que duró más de la cuenta. Hitler acabó suicidándose en su bunker un 30 de abril de 1945; pero con él no acabó el nazismo. Si atendemos al periodo de una crisis curativa, podemos decir que todavía perdura la inflamación en Europa.

En lo referente a Thomas Mann y a su exilio, no está de más recomendar —además de la traducción de Isabel García Adánez de La montaña mágica para Edhasa— el ensayo Viaje por mar con Don Quijote, recientemente publicado por Navona en el que Thomas Mann da cuenta de su lectura cervantina a bordo del transatlántico Volendam que lo llevará hasta el exilio neoyorquino en 1934. El virus del nazismo, junto al amor y la guerra, flotan como una bandera sobre cada uno de sus párrafos.

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