Colores con los que no soñamos | Cultura
Me pasaba las mañanas en el MoMA, delante de aquel cuadro de Rothko. Lo miraba y en cada visita a la ciudad esperaba sentir lo que todos decían sentir frente a las pinturas del artista, a sus colores fundiéndose: agua. Esperaba la reiterada sensación de sosiego; las lágrimas que los visitantes describen en el libro a la entrada de la capilla en Houston, cubierta por cuadros de Rothko. Las puertas están abiertas para los que busquen encontrarse y en su página web la capilla ecuménica se presenta como un espacio para fomentar el crecimiento espiritual. Pese a todo, al llegar…
