Borja Jiménez, alegría juvenil | Cultura
En la corrida de Victorino saltaron cuatro toros con cinco años pasados, y uno, el quinto, con los seis bien cumplidos. Flacos los tres primeros, sin papada, degollados se dice en la jerga, defraudaron tanto por hechuras como por juego. Solo el toro que abrió plaza recordó su procedencia. En varas pasaron como de puntillas. Un fiasco de victorinada.El primero de Ramos no fue nadie en varas al tomar dos puyazos sin pasión ni gloria, pero en la muleta sacó la guasa propia de un típico victorino: de vuelta rápida nada más salir del muletazo, sin entrega y de viaje…
