Los niños que regresan de los márgenes de una crónica | Sociedad
Casi siempre, cuando se cierra un texto, queda demasiada historia en los márgenes. Testimonios, relatos, miradas, olores que se almacenan necesariamente en la recámara de quien escribe, por la imperante necesidad de ordenar lo que uno ha visto, ha oído y ha sentido. No siempre la resignación con la que raspa la tierra una niña de 11 años con brazos de alambre y manos de agricultor viejo cabe en unas líneas. Ni la aceptación radical de un adolescente de 14 de que, después de siete días sin galletas y bebiendo solo agua de mar, se ha acabado su vida, que…
