Falló la casta | Cultura
Arrastrado el último toro, mientras los matadores y sus respectivas cuadrillas enfilaban el camino de vuelta a las furgonetas, los numerosos aficionados que habían acudido a la plaza de San Agustín de Guadalix (Madrid) abandonaron los tendidos invadidos por una sensación de contrariedad. La ilusión se había tornado en decepción.Pese al frío y al molestísimo viento que azotó durante toda la tarde, la plaza casi se llenó al reclamo del toro íntegro y encastado y del tercio de varas. Un año más, ese grupo de héroes anónimos que forman la Peña Tres Puyazos, consiguieron lo imposible: organizar una feria por…
