viernes, mayo 24

El líder de la Iglesia ortodoxa llama a la unidad de los cristianos en su primera visita a España | Sociedad

Un acontecimiento histórico. Esta ha sido la frase que los obispos españoles han repetido los últimos cuatro días durante la visita a España del líder de la Iglesia ortodoxa, el patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé I. Era la primera vez que un papa ortodoxo pisaba suelo español y abrazaba a los jerarcas de la Iglesia española. Su visita, que comenzó el pasado domingo, ha girado en torno al 50º aniversario de la catedral ortodoxa de San Andrés y San Demetrio de Madrid, pero también ha aprovechado para fortalecer sus lazos con España: ofició una vigilia ese domingo con el arzobispo de Madrid, José Cobo, el lunes se entrevistó con el rey Felipe VI, y este martes fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad Pontificia de Salamanca. Su viaje termina este miércoles con la visita oficial a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en la que se ha reunido con varios de sus dirigentes.

A diferencia del Papa de Roma —máxima autoridad de la Iglesia católica—, el patriarca ecuménico no tiene un poder jurisdiccional sobre el resto de los obispos ortodoxos. Su cargo, además de honorífico, es espiritual y tan solo tiene la autoridad para presidir concilios y para reconocer nuevos patriarcados. También es el portavoz de la comunidad ortodoxa, con más de 300 millones de fieles en el mundo, de los que más de un millón viven en España. Bartolomé I es conocido por la su implicación con la protección del medio ambiente, posición que le ha llevado a ser bautizado como el patriarca verde. “Cometer un crimen contra la naturaleza es un pecado”, proclamaba ya en 1997.

Bartolomé I no concede entrevistas ni tampoco ofrece ruedas de prensa. Pero este miércoles se ha saltado el protocolo para dirigir unas palabras a los medios españoles, a modo de presentación oficial, en la sede de la CEE: “Ya era amigo de España. Y ahora lo soy más”. Con voz afable y vistiendo tradicional klobuk —el tocado comúnmente utilizado por los patriarcas ortodoxos—, Bartolomé I ha hecho un breve repaso de las relaciones entre la comunidad ortodoxa y la católica. “El diálogo bilateral entre nuestras dos Iglesias hermanas es un rayo de esperanza y una demostración de nuestro compromiso con la unidad, la comprensión y la reconciliación cristianas. Hemos logrado avances extraordinarios, construyendo puentes de acercamiento, en lugar de erigir muros de separación, y superando diferencias eclesiales y controversias teológicas de siglos de antigüedad”, ha dicho.

Una unión que también ha destacado el secretario general de la CEE, César García Magán, encargado de conducir hacia el atril a Bartolomé I. “San Pedro y San Andrés eran hermanos. El sucesor de Pedro es el Papa de Roma y el sucesor de Andrés es el patriarca de Constantinopla”, ha declarado. Bartolomé ha leído dos discursos preparados, uno en italiano y otro en inglés. Ambas iglesias han anunciado que se están preparando para celebrar conjuntamente el aniversario de primer concilio ecuménico de Nicea del año 325, considerado como el primer concilio de la religión cristiana. “Puede que encontremos una solución a la celebración conjunta de la Pascua”, ha adelantado Bartolomé I. La Pascua católica y la ortodoxa no suelen coincidir porque esta última sigue el calendario juliano con un desfase de 14 días respecto al calendario gregoriano que se utiliza en la mayor parte del mundo.

El líder de los ortodoxos también ha hecho un llamamiento a la paz en la guerra entre Israel y Gaza: “Esta región, que no solo es sagrada para nosotros los cristianos de Tierra Santa, sino también para las tres tradiciones religiosas abrahámicas, está marcada por horribles tragedias y sufrimiento. Volvamos a comprometernos a fomentar la paz y la justicia en Medio Oriente, pero también en Ucrania y en todo el mundo”.

Las palabras de Bartolomé sobre este conflicto han sido constantes durante toda su visita a España. En su homilía del pasado domingo subrayaba que no está permitido que ninguna religión utilice “el nombre de Dios para justificar” la guerra y que todos “debemos eliminar cualquier fanatismo que, en nombre de Dios, imponga una visión única y no respete la peculiaridad de cada ser humano”.

En los últimos años, también ha sido una de las voces que ha salido en defensa de la independencia de Ucrania. Ya en 2018 autorizó la independencia de la Iglesia ortodoxa ucraniana de la rusa, autorizándola a ser una autocefalia, lo que originó la enemistad con el patriarca de Moscú, Cirilo I. Esta disputa se ha acrecentado con la posición de Bartolomé ante la invasión rusa a ucrania, a la que en numerosas ocasiones ha tildado de asedio injustificado “con el desvergonzado apoyo y respaldo de la Iglesia rusa”.