Un experto en pantallas y educación de Estados Unidos: “Mis alumnos no entienden la escritura a mano” | Educación

Joe Clement, en una imagen de la editorial Chicago Review Press.
Joe Clement, en una imagen de la editorial Chicago Review Press.

El estadounidense Joe Clement (Fairfax, Virginia; 54 años) da clase en secundaria desde hace 30 años y hace una década empezó a preocuparse por la adicción a la tecnología de sus alumnos. Fruto de un concienzudo análisis, coescribió en 2017 Screen Schooled (Educado en la pantalla) con su compañero Matt Miles, que avivó el debate público sobre su uso en su país, donde los niños sueñen tener su primer móvil con nueve años o menos. EL PAÍS entrevistó a Clement, que enseña Economía y gobierno a estudiantes, en el marco de un encuentro educativo de la Fundación Qatar en el que el docente abordó las consecuencias de esta “sobredosis” de móviles y tabletas.

Pregunta. En estos momentos en España los padres empiezan a debatir sobre el uso que hacen sus hijos del móvil.

Respuesta. Eso está bien. La tecnología es una ventaja, pero también crea adicción en los niños.

P. ¿Usted tiene un móvil?

R. Sí, pero la diferencia es que el cerebro de un niño desarrolla la capacidad de tomar decisiones, de pensar críticamente hasta finales de la adolescencia y principios de los 20 años. Los adultos crecimos sin teléfonos y para nosotros son solo un complemento. Si no conoces otra cosa que tu teléfono, tomas decisiones realmente malas. Te pasas todo el día jugando a videojuegos, mirando pornografía y navegando en las redes sociales. Por eso, cuando eres padre, tienes que preguntarte: ¿a qué edad creo que mi hijo está listo para tener videojuegos y entretenimiento ilimitados?

P. ¿Cuál es la edad indicada para regalar un móvil?

R. Mi hija de nueve años es la única de sus amigos que no tiene acceso a un teléfono o a una tableta. Cuanto más tarde mejor.

P. En España es muy habitual en el paso a secundaria, con 12 años.

R. Sigue siendo muy pronto. No se puede ignorar el lado malo de los teléfonos. Queremos pensar que por arte de magia nuestros hijos simplemente solo van a usar todas las cosas buenas, cuando no sucede.

P. ¿Cuándo empezó a preocuparse por el uso de las pantallas?

R. Hace una década. Me di cuenta de que los alumnos no tenían capacidad de pensar críticamente, no se concentraban un rato largo, ni leían en profundidad. Lo comenté con otro profesor y empezamos a conversar sobre la adicción a las tecnologías y a interesarnos por el efecto de tanto tiempo delante de una pantalla. De todo eso surgió nuestro libro.

P. ¿Y no se unieron otros profesores?

R. No, no. Pensamos que dirían, “oh, buen trabajo” cuando lo escribimos, pero no. Gastamos mucho dinero en ordenadores y tabletas, y la gente no quería oír hablar de que quizás no era tan bueno. Aunque sí que hubo cierta reacción social, se prestó atención al tema [en los medios].

P. En su libro aseguran también que la tecnología mata la curiosidad.

R. Sí. Ya no tienes que pensar. Oye, ¿qué es bla, bla, bla? Búscalo, ¿verdad?

P. Pero antes consultábamos el diccionario.

R. Antes buscabas una palabra, pero tenías que sentarte y pensar: ¿cómo resuelvo ese problema? Ahora pueden volver al videojuego. La tecnología asesina la curiosidad. Y luego está la narrativa falsa de que, debido a que hay tanta información, los niños tienen tanta curiosidad que van a estar aprendiendo todo el tiempo, cuando no es así. Si con 12 o 15 años hubiese estado con el móvil jugando, no hubiese conocido grandes obras de la literatura.

P. ¿Tienen tan mala comprensión lectora?

R. Cuando lees en tu teléfono todo el tiempo, entrenas tu cerebro para leer solo dos o tres frases y tu cerebro necesita luego una nueva estimulación. Cuando intentas reenfocarte, olvidaste dónde estabas y el contexto. Así que no estás entendiendo el significado completo de lo que lees.

P. ¿Observa problemas en la escritura manual?

R. Sí, muchos. Cuando devuelvo los trabajos a mis estudiantes, los comentarios tienen que ser con letra como de imprenta, porque no saben leer la escritura a mano. Y la suya a menudo es muy difícil de leer porque simplemente no practican nunca. Escribir es importante por el contenido, la gramática y la ortografía.

P. ¿Utiliza ordenadores en clase?

R. En nuestra escuela, todos los estudiantes tienen una computadora. Hay ocasiones en las que tiene sentido que busquen algo. En una clase de astronomía yo querría que mis alumnos viesen estrellas en el ordenador, pero la cantidad de veces que una pantalla es la mejor herramienta es bastante pequeña. Si utilizas la tiza todo el día es aburrido, pero no daña a los niños, mientras que las pantallas sí.

P. ¿Qué deberían hacer los padres?

R. Hablar entre ellos. A menudo se da el móvil al hijo para que no sea el único que no lo tiene. Pero si se acuerda que no lo tengan hasta los 15 o 18 años, los chicos interactuarán y jugarán. Le puedes decir que tiene 45 minutos para jugar con las pantallas, pero luego él te dirá que tiene que hacer los deberes en el ordenador y mientras, online, juega a juegos y ve películas. Deberes de 20 minutos se hacen en ese tiempo con un libro impreso, porque realmente se lee, mientras que online lleva tres horas. Se distraen y van de aquí para allá.

P. Pero los estadounidenses son muy buenos en expresión oral, fomentan los debates.

R. Definitivamente eso está disminuyendo. Es gracioso que digas eso, porque la semana pasada tuve esta conversación con mis estudiantes sobre ello. Les dije que tres veces este año van a tener que hablar en público. No quieren participar porque, ya sabes, creen demostrar que se comunican con el mundo con su teléfono. Las empresas buscan gente que pueda hacer una presentación y ser convincente, hay que practicar.

P. En el XXI también se necesitan ciertas habilidades tecnológicas.

R. En los viejos tiempos, encendías una computadora y solo aparecía un mensaje y un pequeño cursor parpadeante. Y eso era todo. No había fotos, por lo que era bastante difícil de usar. Ahora, un niño literalmente puede encender las computadoras y usarlas. La parte difícil es pensar, concentrarse, resolver los problemas, cuando tenemos que poder hacer eso en el mundo real.

P. ¿Qué le parece que en Suecia vayan a volver a los libros impresos?

R. En Estados Unidos, cada vez tenemos más y más teléfonos y más y más computadoras. No solo Suecia, Gran Bretaña y Francia han prohibido los teléfonos celulares en las escuelas. El resto del mundo está comenzando a despertar y resolver el problema, medidas para solventar esta crisis de salud.

P. Una crisis de salud mental agravada por la pandemia.

R. Sí, claro. Si las redes sociales eran tan buenas entonces y era tan bueno que los niños tuviesen computadoras, la gente debería estar más feliz ahora, ¿verdad? Y no lo están. Están tristes. Y los niños se están suicidando, están más ansiosos y deprimidos que nunca. Ahora hay suficientes estudios que demuestran que existe una causalidad: cuanto más pasamos el tiempo frente a la pantalla, peor estamos psicológicamente. Y por eso creo que algunas naciones están despertando.

P. Un estudio de la Universidad de Stanford afirma que solo un 9% de las aplicaciones tecnológicas han demostrado su utilidad.

R. Es así. Las herramientas educativas a menudo son desarrolladas por personas que nunca han estado en el aula y no suelen consultar a los maestros. Su principal objetivo es ganar dinero y están constantemente buscando formas de recopilar datos de los estudiantes y de las escuelas para venderlos, cuando lo que hay que priorizar es lo que sea bueno para los niños.

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